De intercambio en Londres

Llevaba Carlos varios meses hablando del tema. Primero con indirectas, luego de manera un poco más explícita y al final exponiéndolo abiertamente. Mi chico quería hacer un intercambio de parejas. Yo me reía primero de las indirectas, me negué con rotundidad cuando lo propuso de manera más explícita y pospuse la cuestión con un "Ya veremos" cuando me lo confesó abiertamente.
Hay cosas que dan miedo, y esta era una de ellas. Miedo a lo desconocido, a cómo serán esos lugares donde se hacen esas cosas, a cómo me sentiría viendo a Carlos haciéndolo con otra, a si yo podría estar con otro delante de él. No creo que ninguno de esos miedos sea muy original, y ante tantas dudas mi mente dijo que ni de coña iba yo a hacer eso. A los dos minutos de empezar a planteártelo se te quitan las ganas del todo.
El intercambio de parejas, dicen las que lo practican, es una experiencia peligrosa que casi siempre es el hombre el que suele proponerlo por primera vez, pero que cuando acepta es la mujer a la que más le gusta y la que más desea repetir.Por algo será. Un día, le dije a mi chico que podríamos intentarlo alguna vez.
Londres es una de las ciudades europeas que más me gusta. Roma es más bonita, París, posiblemente también, pero Londres es mi preferida. Si voy de capricho y sólo para un par de noches me quedo en el Hotel Sanderson, que vale una pasta, pero que, de tarde en tarde, es un lujo que me permito.  Si voy para más tiempo busco otras opciones, porque más de dos días en ese hotel supone un agujero en la cuenta del que te acuerdas durante un año.
El Sanderson es un hotel que a partir de las nueve de la noche me inspira a hacer cosas malas. Además, a mí en Londres no me conoce nadie, y eso SÍ que inspira. El Hotel Sanderson tiene un vestíbulo enorme, moderno, elegante... A la derecha, una barra de veinte metros para tomar copas, y más al fondo un restaurante de lujo en el que atienden camareros y camareras guapísimos. La verdad es que todo el mundo que entra en el Sanderson parece más guapo.
Carlos llevaba una semana enganchado a Internet, preparando el viaje. Entraba en un montón de webs, mandaba mails, hablaba por teléfono en inglés, conectaba la webcam, pero no me contaba nada de lo que hacía... Era una SORPRESA.
LLegamos a Londres y hacía un Sol espléndido. A mí cuando llego a Londres me da un poco de rabia que haga Sol. Era viernes y llegamos al hotel a la hora de comer. A la hora de comer en España, que en Londrees a esa hora es imposible comer. En recepción nos dieron la llave y subimos a la cuarta planta. Al abrir la puerta de la habitación no daba crédito al ver aquella pedazo de suite, la verdad es que era maravillosa y daban ganas de quedarse allí, sin salir. Y más con ese Sol. Pedimos unos sándwiches en la habitación y nos echamos una siesta, no sin antes estrenar desnudos aquella cama que además tenía dintel, cosa que a mí me hacía mucha ilusión. El polvo que echamos fue más bien discreto, sin mucha ceremonia, aunque la siesta de después fue espectacular. Nos despertamos pasadas las ocho, que es muy tarde para despertarse de una siesta en cualquier parte, pero mucho más en Londres, que a esas horas ya hace rato que han cenado. Mientras me duchaba oía a Carlos cómo no paraba de hablar por teléfono con su perfecto inglés, y aunque ni le escuchaba ni le entendía demasiado bien, sí puede intuir que quedaba con alguien. Yo no quise preguntar con quién.
Fuimos a cenar a un restaurante italiano para turistas que hay justo enfrente del hotel y de ahí a tomar una copa a un sitio que, según me explicó, había encontrado por Internet. En la puerta supe perfectamente de qué iba aquello. Nada más entrar, mi chico dijo su nombre a una señora elegantísima que había en la puerta, que enseguida le reconoció y nos invitó a quitarnos los abrigos... Poco a poco fui descubriendo que Carlos había organizado aquella noche con un esmero que me emocionaba. La señora elegante de la puerta se llamaba Carmen y, Carlos me contó al sentarnos en una mesa, que había seleccionado de distintos lugares a treinta parejas y a diez chicos y diez chicas más sin compromiso para pasarlo bien aquella noche. Tardé un rato en dejar de temblar de los nervios. De repente, casi sin darme cuenta, estaba hablando en la barra con un tipo moreno y Carlos detrás de mí haciendo lo mismo con una chica muy alta. Eran de Boston, eran guapos y eran pareja. Nos presentamos los cuatro y Carlos propuso que nos sentáramos en una de las mesas... Yo me puse muy nerviosa, muy excitada, muy celosa, muy enfadada, muy contenta...
El hombre de Boston se llamaba Dave y, estaba tremendísimo. Tengo que reconocer que ella me cayó muy bien, se llamaba Angie, era educada hasta el extremo y me trató con mucho cariño. Qué menos pensé yo, si dentro de un rato seguramente se va a tirar a mi chico. Me di cuenta de que ese pensamiento no me importaba, no me provocaba ningún dolor, más bien, todo lo contrario. Imaginar a aquella mujer con Carlos y yo verlo me empezó a excitar. " Me estoy excitando ", confesé al oído de Carlos. " Cuánto me gustas ", contestó.
Si alguna vez en mi vida iba a hacer un intercambio, ese era el día; los de Boston eran la pareja ideal, y la suite del Sanderson el mejor de los lugares. Todo era PERFECTO.
En la habitación la excitación me pudo y decidí abandonarme a que me sucediera cualquier cosa... Hubo momentos en los que me sentí extraña viendo a Carlos tocando, haciendo sentir a otra lo que me hacía a mi normalmente, pero aquella situación tenía tanto morbo que lo pudo TODO. Tuve orgasmos con los tres que al margen de mí estábamos en aquella cama... Miradas, manos, sensaciones, cuerpos, deseos... Con Angie también me corrí, que ya que intercambiábamos, que fuera un intercambio completo... Jamás hubo tanta pasión en una cama.
Cuando Dave y Angie se marcharon de madrugada, Carlos y yo nos amamos con mucha ternura, demostrándonos que cada uno de nosotros éramos para el otro algo único. Después nos abrazamos y así nos quedamos dormidos juntos y solos, viendo cómo la lluvia volvía a caer en Londres...

3 comentarios:

  1. P.D.: A las mujeres que se atreven a ser libres y a los hombres que nos ayudan a conseguirlo...

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  2. Porque soy una mujer libre y tengo un principe que me ayuda a serlo...

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  3. Me ha encantado la experiencia de intercambio de parejas, como acompañante de lujo te lo pasas en grande, merece la pena!

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